un párrafo, una estrofa, unas líneas… cada día o de vez en cuando.

La cautivadora compañía de los amigos

“Había todo un montón de detalles por parte de mis amigos que me hacía más cautivadora su compañía: charlar y reír juntos, prestarnos atenciones unos a otros, leer en común libros de estilo ameno, bromear unos con otros dentro de los márgenes de la estima y respeto mutuos, discutir a veces, pero sin acritud, como cuando uno discute consigo mismo. Incluso esta misma diferencia de pareceres, que, por lo demás, era un fenómeno muy aislado, era la salsa con que aderezábamos muchos acuerdos. Instruirnos mutuamente en algún tema, sentir nostalgia a su vuelta: estos gestos y otras actitudes por el estilo, que proceden del corazón de los que se aman y se ven correspondidos, y que hallan su expresión en la boca, lengua, ojos y otros mil ademanes de extrema simpatía, eran a modo incentivos que iban fundiendo nuestras almas y de muchas se hacía una sola. Todo esto es lo que se ama en los amigos. Y se ama de tal modo, que la conciencia humana se considera culpable si no ama a quien la ama ni corresponde al amor con amor, sin pretender del ser amado otra cosa que las muestras de afecto. (…) Feliz el que te ama a ti, al amigo en ti y al enemigo en ti. No pierde a ningún ser querido aquel y sólo aquel para quien todos son seres queridos en Aquel que nunca se pierde.”

Confesiones, San Agustín

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