un párrafo, una estrofa, unas líneas… cada día o de vez en cuando.

Amistad

yo quiero ser

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

[…]

Miguel Hernéndez, “Elegía a Ramón Sijé”


Aprender a volar

Con piernas vacilantes Anton se subió igualmente al escritorio y extendió los brazos.

– ¡Y ahora… a volar! -ordenó el vampiro.

-¡No puedo!

-¡Claro que puedes! ¡Solo tienes que querer!

De pronto a Anton le dio lo mismo estrellarse de cabeza contra el suelo sólo con tal de hacer ver al vampiro que él, Anton, tenía razón: ¡Los seres humanos no vuelan!

Dio, pues, un largo salto hacia el centro de la habitación…, ¡y voló! ¡El aire lo sostenía! ¡Era una sensación como la que se siente al bucear…, sólo que mucho, mucho más hermosa!

El pequeño vampiro, Angela Sommer-Bodenburg

 


El valor de la danza

“La danza desde el punto de vista pedagógico puede desarrollar varios aspectos. El compañerismo: La danza se hace en grupo y hay que saber amoldarse a los demás. Esa coordinación individual que uno logra debe saber estar en realción con los otros. Saber desplazarse a la vez que otros niños puede ayudar a fomentar las relaciones humanas entre ellos.”

Danzas del mundo, Ángel Zamora

 


Amistades literarias

Sentimos cariño por los libros que leemos; y aquello por lo que sentimos cariño nos cambia de innumerables modos que es difícil distinguir, tanto a lo largo de la lectura como después. Pero si esto es así, y si el lector es una persona reflexiva que quiere preguntarse (en su nombre y/o en el de la comunidad) por las formas posibles de vivir bien, entonces no es sólo razonable, sino también apremiante, preguntarse: ¿Cuál es el carácter de estas amistades literarias en las que nos vemos involucrados? ¿Qué suponen para mí? ¿Y para los demás? ¿Para mi sociedad? ¿En compañía de quién elegimos pasar el tiempo?

El conocimiento del amor, Martha C. Nussbaum