un párrafo, una estrofa, unas líneas… cada día o de vez en cuando.

Filosofía

La crisis de la razón

La mera mención de una (o la) crisis de la razón infunde en el ánimo inmediatamente un escalofrío de espanto. No hay, en modo alguno, que acostumbrarse a usar estas palabra tan arriesgadas y tan cargadas de sentidos múltiples, por más que, efectivamente, circulen a diario en la voz de la conciencia pública. Precisamente por ello, los filósofos deben ser sumamente cautos a este respecto.

¿Crisis contemporánea de la razón?, Miguel García-Baró

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Soledad de la locura

Probablemente, las confesiones habían sido nuevamente escritas varias veces hasta que los hechos y las fechas originales perdieran todo significado. No es sólo que el pasado cambiara, es que cambiaba continuamente. Lo que más le producía a Winston la sensación de una pesadilla es que nunca había llegado a comprender claramente por qué se emprendía la inmensa impostura. Desde luego, eran evidentes las ventajas inmediatas de falsificar el pasado, pero la última razón era misteriosa. Volvió a coger la pluma y escribió:

Comprendo CÓMO: no comprendo POR QUÉ.

Se preguntó, como ya lo había hecho muchas veces, si no estaría él loco. Quizás un loco era sólo una «minoría de uno». Hubo una época en que fue señal de locura creer que la tierra giraba en torno al sol: ahora, era locura creer que el pasado es inalterable. Quizá fuera él el único que sostenía esa creencia, y, siendo el único, estaba loco. Pero la idea de ser un loco no le afectaba mucho. Lo que le horrorizaba era la posibilidad de estar equivocado.

1984, George Orwell


No entiendo nada

Antes, por ejemplo, las palabras “no entiendo nada” suponían la torpeza de quien las decía. En cambio ahora representan un honor. Baste decir ‘no entiendo de religión, no entiendo de arte’ para situarse a una extraordinaria altura. Esto es muy ventajoso cuando, efectivamente, usted no entiende nada.

Diario de un escritor, Dostoievsky


Coherencia

La coherencia de nuestra propia vida es tal vez lo que mejor puede ilustrar nuestro pensamiento. En el lenguaje corriente se distingue por una parte lo que sigue un plan -lo que equivale también a lo que tiene un sentido, lo que es inteligible- y por otra parte, lo fortuito, lo que, en sí, parece desprovisto de sentido e incomprensible.

Ser infinito y ser eterno, Edith Stein