un párrafo, una estrofa, unas líneas… cada día o de vez en cuando.

Gratuidad

Paciencia y entusiasmo para aprender

No quisiera cansar tu paciencia, por lo que no prolongaré este prólogo. La palabra consejo no gusta a los jóvenes, tampoco a mí me ha gustado nunca; por lo tanto, terminaré con algo muy parecido al ruego: antepón ciencia y paciencia a la repetida labor de cada día, a la diaria comida de los tuyos. Este libro se ha propuesto liberarte de ancestrales e interminables tareas rutinarias; consiguiendo esto habré alcanzado mi meta. Tu colaboración y entusiasmo harán todo lo demás, y como sé de tus buenas dotes, ya te felicito de antemano.

ABC de la cocina cotidiana, Leonora Ramírez

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La libertad de perdonar

Si por causa de Cristo, fueras injustamente juzgado, perdona. Te descubrirás así incomparablemente libre. […] No perdonas para cambiar al otro sino, sencillamente, para seguir a Cristo. Considera al prójimo en la totalidad de su existencia y no en una etapa de su vida. Busca la transparencia de corazón. Huye de la perspicacia y la artimaña. No intentes nunca manipular la conciencia del otro, valiéndote de su inquietud como instrumento para hacerle entrar en tus ideas.

Amor de todo amor. Las fuentes de Taizé, Hermano Roger de Taizé


El uno para el otro

-No nos quejemos, Bruno. Si nos hubiésemos encontrado antes no hubiéramos estado maduros el uno para el otro… ¿Te parece poco lo que tenemos? Pues casi nadie lo consigue en esta vida. Ni a nuestros años ni en la juventud… Casi nadie.

Si acaso le parecía poco, esas palabras dichas con tanta verdad -“el uno para el otro”- le saben a plenitud, porque también las entiende como “el uno al lado del otro”: no enfrente de la mujer, como él se situó siempre, sino a su lado…

La sonrisa etrusca, José Luis Sampedro 


Necesitados de dignidad

Necesitamos, quién lo duda, alimento, vestido, casa y cultura, libertad de expresión y conciencia, para llevar adelante una vida digna. Pero necesitamos también, y en ocasiones todavía más, el consuelo y esperanza, sentido y cariño, esos bienes de gratuidad que nunca pueden exigirse como un derecho; que los comparten quienes los regalan, no por deber, sino por abundancia del corazón.

Ética de la razón cordial, Adela Cortina