un párrafo, una estrofa, unas líneas… cada día o de vez en cuando.

Literatura

No perdamos el tiempo

Debemos inquietarnos por curar las simientes,
por vendar corazones y escribir el poema
que a todos nos contagie.
Y crear esa frase que abrace todo el mundo;
los poetas debiéramos arrancar las espadas,
inventar más colores y escribir padrenuestros.
Ir dejando las risas en la boca del túnel
y no decir lo íntimo, sino cantar al corro;
no cantar a la luna, no cantar a la novia,
no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.

No perdamos el tiempo, Gloria Fuertes


Demian

Los poetas, cuando escriben novelas, acostumbran a actuar como si fueran Dios y pudieran dominar total­mente cualquier historia humana, comprendiéndola y exponiéndola como si Dios se la contase a sí mismo, sin velos, esencial en todo momento. Yo no soy capaz de ha­cerlo, como tampoco los poetas lo son. Sin embargo, mi historia me importa más que a cualquier poeta la suya, pues es la mía propia, y además es la historia de un hom­bre: no la de un ser inventado, posible, ideal o no existen­te, sino la de un hombre real, único y vivo. Lo que esto significa, un ser vivo, se sabe hoy menos que nunca, y por eso se destruye a montones de seres humanos, cada uno de los cuales es una creación valiosa y única de la natu­raleza. Si no fuéramos algo más que seres únicos, sería fácil hacernos desaparecer del mundo con una bala de fusil, y entonces no tendría sentido contar historias. Pero cada hombre no es solamente él; también es el pun­to único y especial, en todo caso importante y curioso, donde, una vez y nunca más, se cruzan los fenómenos del mundo de una manera singular. Por eso la historia de cada hombre, mientras viva y cumpla la voluntad de la naturaleza, es admirable y digna de toda atención. En cada uno se ha encarnado el espíritu, en cada uno sufre la criatura, en cada uno es crucificado un salvador.

Demian, H. Hessa


Intimidad de la lectura

Leer es un acto de aislamiento amable. Leyendo nos volvemos inaccesibles de una manera discreta. Tal vez sea justamente eso lo que, desde hace tanto tiempo, incita a los pintores a representar seres leyendo, a mostrar a esos seres en un estado de profunda intimidad que no está destinado al mundo exterior. Si el observador se acerca realmente a ellos, ese estado se vería inmediatamente amenazado. De modo que la pintura nos hace ver lo que, en el fondo, no deberíamos ver salvo al precio de su destrucción.

Las mujeres, que leen, son peligrosas, Stefan Bollmann


Memoria cruel

Mejor en tu recuerdo, sí, así es como suele ser -dijo Anthony con voz tranquilizadora-. La memoria es una artista extraña, redibuja los colores de la vida, borra lo mediocre y sólo converva los trazos más hermosos, las curvas más conmovedoras.

Las cosas que no nos dijimos, Marc Levy

(Aclaro que el título del post es mío. Lo que me ha provocado leer algo semejante. Si la memoria fuera selección, no agradecida ni purificada, sería una crueldad enorme tener que vivir con ella. Prefiero que recuerde lo que pueda, aunque no sea mucho. Pero que lo que muestre al menos sea cierto. Ya veré qué hago yo después con el recuerdo, y cómo me las apaño con lo vivido. Sea como fuere, que no me mienta.)


Ni rico ni pobre

Dos cosas te pido;

no me las niegues antes de que muera.

Aleja de mí falsedad y mentira,

no me des pobreza ni riqueza.

Concédeme el pan necesario,

no sea que, saciado, reniegue de ti

y diga: “¿Quién es el Señor?”;

o que, siendo pobre, robe

y profane el nombre de mi Dios.

Libro de los Proverbios


Soledad de la locura

Probablemente, las confesiones habían sido nuevamente escritas varias veces hasta que los hechos y las fechas originales perdieran todo significado. No es sólo que el pasado cambiara, es que cambiaba continuamente. Lo que más le producía a Winston la sensación de una pesadilla es que nunca había llegado a comprender claramente por qué se emprendía la inmensa impostura. Desde luego, eran evidentes las ventajas inmediatas de falsificar el pasado, pero la última razón era misteriosa. Volvió a coger la pluma y escribió:

Comprendo CÓMO: no comprendo POR QUÉ.

Se preguntó, como ya lo había hecho muchas veces, si no estaría él loco. Quizás un loco era sólo una «minoría de uno». Hubo una época en que fue señal de locura creer que la tierra giraba en torno al sol: ahora, era locura creer que el pasado es inalterable. Quizá fuera él el único que sostenía esa creencia, y, siendo el único, estaba loco. Pero la idea de ser un loco no le afectaba mucho. Lo que le horrorizaba era la posibilidad de estar equivocado.

1984, George Orwell


No entiendo nada

Antes, por ejemplo, las palabras “no entiendo nada” suponían la torpeza de quien las decía. En cambio ahora representan un honor. Baste decir ‘no entiendo de religión, no entiendo de arte’ para situarse a una extraordinaria altura. Esto es muy ventajoso cuando, efectivamente, usted no entiende nada.

Diario de un escritor, Dostoievsky


Despedida

Esta tibia chaqueta rumorosa
que mi cuerpo recoge entre su lana,
se quedará colgada una mañana,
se quedará vacía y silenciosa.

Su delicada tela perezosa
cobijará una sombra fría y vana,
cobijará una ausencia, una lejana
memoria de la vida presurosa.

Conmigo no vendrá, que habré partido,
y entre su mana lana entretejida
tan sólo dejaré mi propio olvido.

Donde alentara la gozosa vida
no alentará ni el más pequeño ruido,
sólo una helada sombra dolorida.

“Poema soneto para mi última chaqueta”, Rafael Morales


Recordando más

“Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero que es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros”

Rayuela, Cortázar


Pintores son mis ojos

 

Pintores son mis ojos: te fijaron
sobre la tabla de mi corazón,
y mi cuerpo es el marco que sostiene
la perspectiva de la obra insigne.
A través del pintor hay que mirar
para encontrar tu imagen verdadera,
colgada en el taller que hay en mi pecho
al que brindan ventanas tus dos ojos.

Y observa de los ojos el servicio:
los míos diseñaron tu figura,
los tuyos son ventanas de mi pecho
por las que atisba el sol, feliz de verte.

Mas algo falta al arte de los ojos:
dibujan lo que ven y al alma ignoran.

Sonetos, W. Shakespeare


Canción de cuna

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Ya te vemos dormida.
Tu barca es de madera por la orilla.

Blanca princesa de nunca.
¡Duerme por la noche oscura!
Cuerpo y tierra de nieve.
Duerme por el alba, ¡duerme!

Ya te alejas dormida.
¡Tu barca es bruma, sueño, por la orilla!

Canción de cuna, Federico García Lorca


Ojo con los ojos

 

Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan,
hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan,
hay ojos que ríen -risa placentera,
hay ojos que lloran -con llanto de pena,
unos hacia adentro -otros hacia fuera.

Son como las flores -que cría la tierra.
Mas tus ojos verdes, -mi eterna Teresa,
los que están haciendo -tu mano de hierba,
me miran, me sueñan, -me llaman, me esperan,
me ríen rientes -risa placentera,
me lloran llorosos -con llanto de pena,
desde tierra adentro, -desde tierra afuera.

En tus ojos nazco, -tus ojos me crean,
vivo yo en tus ojos -el sol de mi esfera,
en tus ojos muero, -mi casa y vereda,
tus ojos mi tumba, -tus ojos mi tierra.

Miguel de Unamuno


Después que te conocí

Después que te conocí,
todas las cosas me sobran:
el sol para tener día,
abril para tener rosas.
Por mi bien pueden tomar
otro oficio las auroras,
que yo conozco una luz
que sabe amanecer sombras.
Bien puede buscar la noche
quien sus estrellas conozca,
que para mi astrología
ya son oscuras y pocas.


A mis soledades voy

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Lope de Vega, “A mis soledades voy…”


La televisión/3

La tele dispara imágenes que reproducen el sistema y voces que le hacen eco; y no hay rincón del mundo que ella no alcance. El planeta entero es un vasto suburbio de Dallas. Nosotros comemos emociones importadas como si fueran salchichas en lata, mientras los jóvenes hijos de la televisión, entrenados para contemplar la vida en lugar de hacerla, se encogen de hombros.

El libro de los abrazos, E. Galeano


La cultura del terror

El colonialismo visible te mutila sin disimulo: te prohíbe decir, te prohíbe hacer, te prohíbe ser. El colonialismo invisible, en cambio, te convence de que la servidumbre es tu destino y la impotencia tu naturaleza: te convence de que no se puede decir, no se puede hacer, no se puede ser.

El libro de los abrazos, E. Galeano


El uno para el otro

-No nos quejemos, Bruno. Si nos hubiésemos encontrado antes no hubiéramos estado maduros el uno para el otro… ¿Te parece poco lo que tenemos? Pues casi nadie lo consigue en esta vida. Ni a nuestros años ni en la juventud… Casi nadie.

Si acaso le parecía poco, esas palabras dichas con tanta verdad -“el uno para el otro”- le saben a plenitud, porque también las entiende como “el uno al lado del otro”: no enfrente de la mujer, como él se situó siempre, sino a su lado…

La sonrisa etrusca, José Luis Sampedro 


Matar el tiempo

– ¡Ah!, pues ahí está el problema —dijo el Sombrerero—, el tiempo no soporta que lo marquen ni que lo clasifiquen, pero si estuvieras en buenas relaciones con él, podrías hacer lo que quisieras con el reloj; por ejemplo, imagínate que marca las ocho de la mañana y es la hora de comenzar tus lecciones en la escuela, pues bastaría con girar las manecillas un poco y ya sería la una y media ¡hora de comer!
– “¡Ojalá eso fuera verdad!”, dijo la Liebre de Marzo para sus adentros.
– ¿Es así como usted maneja el tiempo? -preguntó Alicia.
– En realidad no —respondió el Sombrerero con un dejo de tristeza— aquello ocurrió en el gran concierto que ofreció la Reina de Corazones; en aquella ocasión a mí me tocaba cantar […] Recuerdo aquella memorable ocasión —siguió diciendo el Sombrerero—: apenas había entonado la primera estrofa cuando la reina se puso a gritar: “¡Está matando el tiempo! ¡Que le corten la cabeza!”

Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll


Amistades literarias

Sentimos cariño por los libros que leemos; y aquello por lo que sentimos cariño nos cambia de innumerables modos que es difícil distinguir, tanto a lo largo de la lectura como después. Pero si esto es así, y si el lector es una persona reflexiva que quiere preguntarse (en su nombre y/o en el de la comunidad) por las formas posibles de vivir bien, entonces no es sólo razonable, sino también apremiante, preguntarse: ¿Cuál es el carácter de estas amistades literarias en las que nos vemos involucrados? ¿Qué suponen para mí? ¿Y para los demás? ¿Para mi sociedad? ¿En compañía de quién elegimos pasar el tiempo?

El conocimiento del amor, Martha C. Nussbaum


Rendirse al surrealismo

 15.00    Decido recorrer sistemáticamente la ciudad en lugar de permanecer en un sitio fijo.Con ello disminuyo las probabilidades de no encontrar a Gurb en un trillón, pese a lo cual, el resultado sigue siendo incierto.  Camino siguiendo el plano heliográfico que he incorporado a mis circuitos internos al salir de la nave. Me caigo en una zanja abierta porla Compañía Catalana de gas.

15.02    Me caigo en una zanja abierta por la Compañía Hidroeléctrica de Cataluña.

15.03    Me caigo en una zanja abierta por la Compañía de Aguas de Barcelona.

 15.04   Me caigo en una zanja abierta por la Compañía Telefónica Nacional.

 15.05  Me caigo en una zanja abierta por la asociación de vecinos de la calle Córcega.

 15.06  Decido prescindir del plano heliográfico ideal y caminar mirando dónde piso.

 19.00  Llevo cuatro horas caminando. No sé dónde estoy y las piernas no me sostienen.  He parado a un peatón que parecía poseer un nivel de mansedumbre alto y le he preguntado dónde podría encontrar a una persona extraviada. Me ha preguntado qué edad tenía esa persona. Al contestarle que seis mil quinientos trece años, me ha sugerido que la buscara en El Corte Inglés.

Sin noticias de Gurb, Eduardo Mendoza


Quién te ha guiado

JULIETA. ¿Quién te ha guiado para llegar hasta aquí? ROMEO. El amor, que a inquirir me impulsó el primero; él me prestó su inteligencia y yo le presté mis ojos. No entiendo de rumbos, pero, aunque estuvieses tan distante como esa extensa playa que baña el más remoto Océano, me aventuraría en pos de semejante joya.

Romeo y Julieta, W. Shakespeare


Quejarse de uno mismo

¡Oh, lo que es el hombre, al que le es lícito quejarse de sí mismo!… Pero quiero, deseo mejorarme, querido amigo, te lo prometo; no quiero rumiar más la pizca de desdicha que el destino nos depara, tal como he hecho siempre. Quiero gozar el presente y el pasado debe ser para mí pasado. Desde luego, tú tienes razón, mi buen amigo: los sufrimientos serían menores entre los humanos si éstos -¡Dios sabrá por qué han sido hechos así”- no se ocupasen con tamaña diligencia de la imaginación en evocar los recuerdos de las desdichas del pasado en vez de soportar un presente anodino. (…) Por lo demás, me encuentro muy bien aquí. La soledad es para mi corazón un bálsamo exquisito en esta comarca paradisíaca, mientras la estación de juventud del año calienta con toda su plenitud este corazón mío, a menudo tan vacilante.

Werther, Goethe


Minientrada

Amor sin egoísmo

ROXANA: Eso es amor.
CYRANO:                Sin duda. Sé que este sentimiento
que me invade terrible, y me azota violento,
ese amor: tiene todo su furor de conquista,
pero no es, sin embargo, un amor egoísta.
por saberte dichosa, yo mi dicha perdiera,
aunque tú no llegaras a enterarte siquiera,
con tal de contemplar, de lejos, un minuto,
una sonrisa tuya de mi desdicha fruto.
Cada vez que me miras, yo siento en mí nacer
alguna virtud nueva… ¿Empiezas a entender,
a comprender ahora? ¿Ves clara la verdad?
¿Puedes sentirme el alma en esta oscuridad?
¡Oh Dios, qué noche! Nunca soñé con algo así.
Yo os hablo a vos, y vos, vos me escucháis a mí.

Cyrano de Bergerac, Edmond Rostand


No hay nada más importante

No hay nada más importante

que aquello que llevamos entre manos

No hay nada más urgente a lo que debamos

acudir apresurados.

Esperamos en Dios.

Su tiempo es el tiempo adecuado.

Esperamos que nos revele su palabra.

Sabemos que a su tiempo

y en el espíritu de la profunda escucha

y la sosegada serenidad

su camino se hará manifiesto.

 

Wonder: A Way to God, E. Stockton (En  Invitación al asombro, Esther de Waal)