un párrafo, una estrofa, unas líneas… cada día o de vez en cuando.

Novela

Aprender a volar

Con piernas vacilantes Anton se subió igualmente al escritorio y extendió los brazos.

– ¡Y ahora… a volar! -ordenó el vampiro.

-¡No puedo!

-¡Claro que puedes! ¡Solo tienes que querer!

De pronto a Anton le dio lo mismo estrellarse de cabeza contra el suelo sólo con tal de hacer ver al vampiro que él, Anton, tenía razón: ¡Los seres humanos no vuelan!

Dio, pues, un largo salto hacia el centro de la habitación…, ¡y voló! ¡El aire lo sostenía! ¡Era una sensación como la que se siente al bucear…, sólo que mucho, mucho más hermosa!

El pequeño vampiro, Angela Sommer-Bodenburg

 

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El uno para el otro

-No nos quejemos, Bruno. Si nos hubiésemos encontrado antes no hubiéramos estado maduros el uno para el otro… ¿Te parece poco lo que tenemos? Pues casi nadie lo consigue en esta vida. Ni a nuestros años ni en la juventud… Casi nadie.

Si acaso le parecía poco, esas palabras dichas con tanta verdad -“el uno para el otro”- le saben a plenitud, porque también las entiende como “el uno al lado del otro”: no enfrente de la mujer, como él se situó siempre, sino a su lado…

La sonrisa etrusca, José Luis Sampedro