un párrafo, una estrofa, unas líneas… cada día o de vez en cuando.

Sueños

Sueños

[…]

Es sueño y no misterio.
Y de pronto, en el alto
silencio de la noche,
un soñar mío empieza
al borde de tu cuerpo;
en él el tuyo siento.
Tú dormida, yo en vela,
hacíamos lo mismo.
No había que buscar:
tu sueño era mi sueño.

Pedro Salinas

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Aprender a volar

Con piernas vacilantes Anton se subió igualmente al escritorio y extendió los brazos.

– ¡Y ahora… a volar! -ordenó el vampiro.

-¡No puedo!

-¡Claro que puedes! ¡Solo tienes que querer!

De pronto a Anton le dio lo mismo estrellarse de cabeza contra el suelo sólo con tal de hacer ver al vampiro que él, Anton, tenía razón: ¡Los seres humanos no vuelan!

Dio, pues, un largo salto hacia el centro de la habitación…, ¡y voló! ¡El aire lo sostenía! ¡Era una sensación como la que se siente al bucear…, sólo que mucho, mucho más hermosa!

El pequeño vampiro, Angela Sommer-Bodenburg

 


Memorias de un prescindible

¡Qué hemos de hacerle! Dios nunca podrá ser más de lo que ya es; ni yo, por más redundante que me vuelva, podré ser menos de lo que ya soy. De manera que un día de éstos nos encontraremos.

El libro de los sueños, Jorge L. Borges

 


Rendirse al surrealismo

 15.00    Decido recorrer sistemáticamente la ciudad en lugar de permanecer en un sitio fijo.Con ello disminuyo las probabilidades de no encontrar a Gurb en un trillón, pese a lo cual, el resultado sigue siendo incierto.  Camino siguiendo el plano heliográfico que he incorporado a mis circuitos internos al salir de la nave. Me caigo en una zanja abierta porla Compañía Catalana de gas.

15.02    Me caigo en una zanja abierta por la Compañía Hidroeléctrica de Cataluña.

15.03    Me caigo en una zanja abierta por la Compañía de Aguas de Barcelona.

 15.04   Me caigo en una zanja abierta por la Compañía Telefónica Nacional.

 15.05  Me caigo en una zanja abierta por la asociación de vecinos de la calle Córcega.

 15.06  Decido prescindir del plano heliográfico ideal y caminar mirando dónde piso.

 19.00  Llevo cuatro horas caminando. No sé dónde estoy y las piernas no me sostienen.  He parado a un peatón que parecía poseer un nivel de mansedumbre alto y le he preguntado dónde podría encontrar a una persona extraviada. Me ha preguntado qué edad tenía esa persona. Al contestarle que seis mil quinientos trece años, me ha sugerido que la buscara en El Corte Inglés.

Sin noticias de Gurb, Eduardo Mendoza