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pies en el suelo

Los pies en el suelo
y la cabeza en las nubes,
soñar despierto,
fingirme dormido
mientras hablo contigo,
olvidar un recuerdo
que nunca he vivido.

Juanjo Escribano


la vida va en serio

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
–como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante. 

Dejar huella quería 
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma


No decir simplemente “¡muy bien!”

Cuando entramos en un aula es habitual escuchar a los adultos (padres, madres, abuelos, educadores…) que acompañan a los niños  un único comentario a las acciones, logros o cualquier cosa que muestren los pequeños: ¡muy bien! Solo y simplemente dos palabras. A veces no importa lo difícil que haya supuesto para el niño alcanzarlo, lo definimos con un calificativo corriente.

Vale, y ahora, ¿qué podemos hacer? Yo trato de llevarlo a la práctica en el aula, y me resulta complicadísimo. Pero simplemente el hecho de que cada vez que digo ¡muy bien! a un niño me planteo que quizá pude haber dicho otra cosa me parece un paso más adelante. Una estrategia que estoy empezando a utilizar es tener un repertorio más amplio: me parece genial, lo lograste, vale… para no tener que repetir siempre esas dos palabras que acaban vacías de mensaje. Pero quizá lo más sencillo sea verbalizar las acciones del niño o simplemente quedarse callado.

Alfie Kohn, “Cinco razones para dejar de decir ¡muy bien!


Derechos internacionales

Artículo 1. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.


Intimidad de la lectura

Leer es un acto de aislamiento amable. Leyendo nos volvemos inaccesibles de una manera discreta. Tal vez sea justamente eso lo que, desde hace tanto tiempo, incita a los pintores a representar seres leyendo, a mostrar a esos seres en un estado de profunda intimidad que no está destinado al mundo exterior. Si el observador se acerca realmente a ellos, ese estado se vería inmediatamente amenazado. De modo que la pintura nos hace ver lo que, en el fondo, no deberíamos ver salvo al precio de su destrucción.

Las mujeres, que leen, son peligrosas, Stefan Bollmann



A mis soledades voy

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Lope de Vega, “A mis soledades voy…”


El único mantra de las sociedades modernas

“En nuestra sociedad hay un gran impulso a pensar en nosotros mismos. Solo en esto. Es el único mantra que no atenúa su voz ni siquiera en los grandes cambios en los que estamos inmersos: los de la sociedad virtual, los de la prisa de las grandes ciudades, los del final del optimismo que siguió al 11S. Velocidad e individualismo son dos grandes pilares. La fraternidad cristiana no puede más que distanciarse de una sociedad veloz e individualista, puesto que se trata de algo duradero y que implica un cierto grado de comunión”

Dios es simpatía, O. Clément