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soneto enamorado


Soneto enamorado

Dulce como el arroyo soñoliento,
mansa como la lluvia distraída,
pura como la rosa florecida
y próxima y lejana como el viento.

Esta mujer que siente lo que siente
y está sangrando por mi propia herida
tiene la forma justa de mi vida
y la medida de mi pensamiento.

Cuando me quejo, es ella mi querella,
y cuando callo, mi silencio es ella,
y cuando canto, es ella mi canción.

Cuando confío, es ella la confianza,
y cuando espero, es ella la esperanza,
y cuando vivo, es ella el corazón.

Francisco Luis Bernárdez

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Leer buenos libros

¿La ciencia ficción? Me gusta por supuesto, pero sólo la mala. No tanto la mala como falsa. Siempre llevo a mano algo así cuando vuelo, algo que te permita leer un par de páginas y luego dejarlo. También leo buenos libros, claro, pero sólo durante las estancias en la Tierra. ¿Por qué? A decir verdad, no lo sé muy bien. Nunca me he parado a pensarlo. Los buenos libros dicen siempre la verdad, aunque describan cosas que nunca hayan sucedido ni nunca vayan a suceder. Son verdaderos en un sentido diferente. Si describen el espacio exterior, por ejemplo, te hacen sentir el silencio, tan completamente distinto al terrestre, y la ausencia de vida.

Más relatos del piloto Pirx, Stanislaw Lem

 

 

 


Volverás a verlo

Diré a Dios: «Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo?»

Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío».

Salmo 41


Intimidad de la lectura

Leer es un acto de aislamiento amable. Leyendo nos volvemos inaccesibles de una manera discreta. Tal vez sea justamente eso lo que, desde hace tanto tiempo, incita a los pintores a representar seres leyendo, a mostrar a esos seres en un estado de profunda intimidad que no está destinado al mundo exterior. Si el observador se acerca realmente a ellos, ese estado se vería inmediatamente amenazado. De modo que la pintura nos hace ver lo que, en el fondo, no deberíamos ver salvo al precio de su destrucción.

Las mujeres, que leen, son peligrosas, Stefan Bollmann