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Sueños

[…]

Es sueño y no misterio.
Y de pronto, en el alto
silencio de la noche,
un soñar mío empieza
al borde de tu cuerpo;
en él el tuyo siento.
Tú dormida, yo en vela,
hacíamos lo mismo.
No había que buscar:
tu sueño era mi sueño.

Pedro Salinas

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Aprender a volar

Con piernas vacilantes Anton se subió igualmente al escritorio y extendió los brazos.

– ¡Y ahora… a volar! -ordenó el vampiro.

-¡No puedo!

-¡Claro que puedes! ¡Solo tienes que querer!

De pronto a Anton le dio lo mismo estrellarse de cabeza contra el suelo sólo con tal de hacer ver al vampiro que él, Anton, tenía razón: ¡Los seres humanos no vuelan!

Dio, pues, un largo salto hacia el centro de la habitación…, ¡y voló! ¡El aire lo sostenía! ¡Era una sensación como la que se siente al bucear…, sólo que mucho, mucho más hermosa!

El pequeño vampiro, Angela Sommer-Bodenburg

 


Paciencia y entusiasmo para aprender

No quisiera cansar tu paciencia, por lo que no prolongaré este prólogo. La palabra consejo no gusta a los jóvenes, tampoco a mí me ha gustado nunca; por lo tanto, terminaré con algo muy parecido al ruego: antepón ciencia y paciencia a la repetida labor de cada día, a la diaria comida de los tuyos. Este libro se ha propuesto liberarte de ancestrales e interminables tareas rutinarias; consiguiendo esto habré alcanzado mi meta. Tu colaboración y entusiasmo harán todo lo demás, y como sé de tus buenas dotes, ya te felicito de antemano.

ABC de la cocina cotidiana, Leonora Ramírez


Intimidad de la lectura

Leer es un acto de aislamiento amable. Leyendo nos volvemos inaccesibles de una manera discreta. Tal vez sea justamente eso lo que, desde hace tanto tiempo, incita a los pintores a representar seres leyendo, a mostrar a esos seres en un estado de profunda intimidad que no está destinado al mundo exterior. Si el observador se acerca realmente a ellos, ese estado se vería inmediatamente amenazado. De modo que la pintura nos hace ver lo que, en el fondo, no deberíamos ver salvo al precio de su destrucción.

Las mujeres, que leen, son peligrosas, Stefan Bollmann